Todos años, al finalizar el verano vuelve una pregunta año tras año: ¿cómo recuperamos nuestra piel tras la exposición al sol estival?. La piel es el órgano más extenso del ser humano, actuando como protección física, química y biológica ante agresiones externas. Por ello, saber cómo cuidar de ella es fundamental. El equipo científico de Nutribiótica, expertos en microbiota, y, en concreto, la dermatóloga y CEO del Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada en Madrid Almudena Nuño nos dan algunas pautas para saber cómo cuidar nuestra piel no solo tras el verano si no durante todo el año.

La piel es el órgano más extenso del ser humano, actuando como protección física, química y biológica ante agresiones externas.

De sobra es sabido que, en verano, al estar más expuestos a los rayos solares, hay que tener en cuenta algunas recomendaciones específicas como evitar tomar el sol en las horas centrales del día, hacer uso de gorras, gafas de sol, sombrillas, protección solar, etc. Sin embargo, la Dra. Nuño hace hincapié en el hecho de que exponerse al sol es saludable siempre y cuando se haga siguiendo las precauciones necesarias. “El sol es una fuente importante de vitamina D, un nutriente que el cuerpo necesita para fortalecer los huesos y mantenerlos saludables y para regular el sistema inmunitario”, indica Nuño.

Además, la doctora recuerda que, el frío reseca mucho la piel, por lo que aconseja hidratar las zonas que están más expuestas como lo son la cara y las manos. De esta manera evitar que la piel sufra o incluso aparezcan sabañones.

Por otro lado, la Dra. Almudena Nuño hare referencia a los antioxidantes como aliados para la salud de nuestra piel, siendo eficaces tanto de forma preventiva como para reparar la misma y combatir los efectos nocivos de la radiación solar. Los antioxidantes presentes en frutas y verduras ayudan a combatir el envejecimiento celular, porque frenan el daño producido por los radicales libres. “Un 50% de nuestra dieta diaria debería ser a base de frutas y verduras, y se recomienda comer de diferentes colores” explica la doctora. Algunos ejemplos de alimentos con un alto contenido en antioxidantes son la zanahoria, el aguacate, el brócoli, el tomate, el kiwi, la berenjena, el pimiento, las uvas, las fresas o la granada.

“Exponerse al sol es saludable siempre y cuando se haga siguiendo las precauciones necesarias”

Además de con una alimentación adecuada, los antioxidantes también pueden ser suministrados en forma de protección solar oral, en pastillas. “Se ha demostrado científicamente que, si te los tomas y te expones a determinadas dosis de radiación solar, te quemas mucho más tarde. No obstante teniendo una dieta rica en antioxidantes no haría falta tomar estos protectores orales”, explica Nuño.

Dermatitis atópica, psoriasis, rosácea, acné…

Se estima que cerca de un millón de bacterias pertenecientes a distintas especies habitan cada centímetro de nuestra piel, constituyendo la microbiota cutánea o dermobiota. Existe ya evidencia sugiriendo que muchos de estos microbios contribuyen de forma significativa a la patogenia de algunas dermatosis no infecciosas tales como dermatitis atópica, psoriasis, rosácea y acné.

La dermobiota son las millones de bacterias que habitan en cada centímetro cuadrado de nuestra piel

Para estos casos en los que se produce un desequilibrio en la microbiota cutánea y se desarrolla alguna de estas patologías, la dermatóloga, Almudena Nuño recomienda acudir a la consulta de un especialista para que realice un análisis individual.

No obstante, reconoce que, en su práctica habitual, con frecuencia, pauta probióticos a sus pacientes. “Los probióticos son la herramienta clínica más eficaz para restaurar la microbiota de una forma específica, el tratamiento requiere más tiempo pero luego la mejoría es más duradera”, indica y, añade: hay algunos estudios que relacionan la microbiota intestinal y la rosácea. De hecho, a pacientes que no terminan de mejorar con los tratamientos convencionales les trato con probióticos y, al mejorar su microbiota intestinal, mejoran”. Por último, insiste en que siempre debe ser un profesional de la salud quien paute los probióticos debido a su especificidad.


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